11
Mar 2014

4 preguntas que pueden liberarte del estrés

Escrito en la categoría Psicología

Quizás piensas que tienes un “problema real” que te estresa, preocupa o molesta y que para poder sentirte feliz esta situación tiene que cambiar. ¿Pero que pensarías si te dijera que no existen problemas “reales” y que el único problema con el que tienes que lidiar son tus pensamientos acerca de lo que estás viviendo?

 

Veamos esta situación. Alguien pierde su trabajo y piensa que es un grave problema, sufre por ello y se imagina los peores escenarios. Otra persona pierde su trabajo y piensa que es una buena oportunidad para hacer lo que en realidad le gusta, para descansar e incluso para cambiar de rumbo. Las dos personas están viviendo exactamente la misma situación, han perdido el trabajo, una la ve como un problema, la otra como una oportunidad…

 

¿Entonces cómo puede ser que perder el trabajo sea el “problema real”? Si lo fuera, todas las personas que pierden el trabajo deberían de sentirse igual de estresadas y no es así. En realidad el único problema está en tu mente, en todas esas historias de horror que te cuentas, de lo que perder el trabajo significa. Estas historias no son reales y te impiden pensar claramente y ver las posibilidades que se presentan delante de ti.

 

Es una muy buena noticia saber (o por lo menos abrirte a la posibilidad) de que nada externo tiene la capacidad real de afectarte, ya que como habrás podido comprobar no está en tus manos cambiar el mundo exterior. Recién cuando descubres que la causa real de tu sufrimiento son tus pensamientos puedes poner tu energía en la dirección correcta y trabajar en lo único que puedes controlar, tu mundo interior.

 

Cuestiona tus pensamientos, y libérate del estrés

Y ahora que ya sabes que la fuente de tus problemas son tus pensamientos, te preguntarás ¿cómo puedo hacer para lidiar con ellos?.

 

Byron Katie, autora del best seller “Amar lo Que Es” nos dice que cuando creemos nuestros pensamientos sufrimos y cuando los cuestionamos dejamos de sufrir. Y nos presenta 4 preguntas que puedes empezar a utilizar de manera inmediata para cuestionar cualquier concepto estresante en tu vida. Un proceso muy simple que ha ayudado ya a miles de personas.

 

Hazte las siguientes preguntas

Ubica el pensamiento que más te está estresando en estos momentos y responde a estas preguntas como si de una meditación se tratara, tómate tu tiempo, deja que las respuestas surjan del corazón.

 

A modo de ejemplo utilizaremos el pensamiento “Él no me presta atención”.

 

  1. ¿Es eso verdad?

¿Es verdad que “él no te presta atención”? La respuesta ha de ser un simple si o no. Si la respuesta es no, pasa a la pregunta 3 directamente.

 

  1. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza?

¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza que el no te presta atención? ¿Que aunque no te mire no te está escuchando? ¿Que no te presta atención porque no lo demuestra?. Otra vez la respuesta, a de ser simplemente si o no.

 

  1. ¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees ese pensamiento?

¿Cómo te hace sentir pensar que él no te presta atención? ¿Cómo lo tratas a él cuando piensas que no te presta atención? ¿Cómo te hace sentir este pensamiento tanto física como emocionalmente?

 

  1. ¿Quién serías sin el pensamiento? No tienes que luchar con el pensamiento, simplemente percibe como vivirías tu vida si no creyeras ese pensamiento. Cómo lo tratarías a él si no tuvieras este pensamiento.

 

La siguiente parte del proceso es invertir los pensamientos de la siguiente manera:

·         Inviértelo a lo opuesto (inversión de 180°): “Él sí me presta atención”. Quédate quieta y nota todos los sentimientos que aparecen al respecto. La sola idea de confrontar esto y mirarlo directamente muchas veces requiere de valor, pero los resultados valen la pena. Cuando la mente se abre, empiezas a encontrar ejemplos donde el sí te presta atención, te permite ver a los demás con otros ojos, a reconocer cosas que a veces no vemos. Es abrirnos a la posibilidad de que las cosas no son como las veníamos pensando.

·         Inviértelo hacia el otro: “Yo no le presto atención a él”. Encuentra ejemplos donde tú no le prestas atención a él. Fíjate cómo a veces eso que queremos que los demás hagan, no nos es fácil hacer a nosotros.

·         Inviértelo hacia ti mismo: “Yo no me presto atención”. Y esta es quizás la inversión más profunda de todas, la que te ayudará a ver cómo no te has estado prestando atención a ti misma en muchos aspectos de tu vida. Y cuando ves esto, podrás ver ¿cómo esperar que él te preste atención, si tú misma no lo haces? Y gracias a esto podrás empezar a hacer las enmiendas necesarias contigo.

 

Finalmente aquello que te molestaba en la otra persona te lleva a descubrir cosas sobre ti que de otra manera no hubieras visto. La otra persona se convierte en tu espejo y en un gran regalo.


3
May 2011

Tipos de estres

Escrito en la categoría Psicología

Tipos de estrés

 

El estrés puede ser de diversos tipos y no todos ellos son dañinos para nosotros:

 

Euestrés

 

Es un tipo de estrés positivos, que resulta estimulante y nos aporta vitalidad, energía y entusiasmo. Sucede cuando hay un aumento de la actividad física, el entusiasmo y la creatividad. Por ejemplo, practicar un deporte que te gusta o afrontar algún reto que consideras excitante.

 

Estrés agudo

 

Es un tipo de estrés intenso y de corta duración, que produce sentimientos de malestar e incomodidad. Por ejemplo, un imprevisto en el trabajo que no sabemos cómo afrontar ni cómo solucionar, pero que es de corta duración.

 

Estrés crónico

 

Es un estado prolongado de estrés que dura semanas, meses o incluso años. Produce sentimientos de malestar, hace aumentar los niveles de hormonas del estrés y puede acabar produciendo enfermedad física.

Además de estos tres tipos de estrés principales, existen otro dos tipos de estrés:

 

Hiperestrés

 

Sucede cuando una persona se ve sometida a un estrés mayor del que puede soportar. La persona se siente sobrecargada y abrumada y llega un momento en que cualquier pequeño suceso puede provocarle una reacción emocional extrema. Es un estrés peligroso y deberían tomarse medidas para reducirlo enseguida porque puede tener serias repercusiones físicas y psicológicas.

 

Hipoestrés

 

Es lo opuesto al hiperestrés; es decir, consiste en una cantidad insuficiente de estrés en la vida de una persona que hace que se sienta aburrida y vacía constantemente. Por ejemplo, una persona que tiene un trabajo simple y repetitivo, como un trabajador de una cadena de montaje puede sentir hipoestrés. Produce falta de motivación, falta de inspiración y un estado de ánimo deprimido.


29
Abr 2011

Asexualidad. No a todo el mundo le gusta el sexo

Escrito en la categoría Psicología

 Vivimos en una sociedad que concede al sexo una enorme importancia y donde se supone que a todo el mundo le gusta practicar el sexo. Pero lo cierto es que existen muchas personas perfectamente normales que no sienten atracción sexual hacia otras personas.
 
De hecho, la asexualidad se define precisamente de ese modo: falta de atracción sexual hacia otras personas, tanto del sexo opuesto como del propio sexo, así como falta de interés por mantener relaciones sexuales con otros. Eso no es vivido como un problema, sino como una forma de ser tan normal como otra cualquiera. Es decir, la asexualidad no es un trastorno sexual, sino que forma parte de las preferencias y gustos de una persona. No obstante, puede crear problemas cuando una persona no acepta su asexualidad y trata de convertirse en una persona sexual por exigencias de su pareja o mantiene relaciones sexuales porque considera que solo así conseguirá tener pareja o amor.
 
Las personas asexuales pueden ser muy diferentes entre sí en cuanto a su forma de vivir el sexo y las relaciones de pareja:
 
- Algunos sienten excitación sexual con deseo de masturbarse solos, pero no sienten interés ni excitación con otras personas. Más bien consideran que el sexo y la consecución del orgasmos es un acto privado y no sienten interés en practicarlo con otras personas. La frecuencia de la masturbación puede ser similar o inferior al de las personas no asexuales. Otros no sienten ningún interés por masturbarse ni ningún tipo de excitación sexual.
 
-Algunos sienten excitación sexual mediante el uso de la fantasía (por ejemplo, con fantasías sexuales o mediante la utilización de pornografía), pero no sienten deseo ni interés por llevar a la práctica dichas fantasías con otras personas. Eso es similar a la persona que, sin ser asexual, puede tener fantasías sexuales que le excitan mientras son solo fantasías pero que no desearía llevar a la práctica porque en circunstancias reales no le resultaría excitante. Otos, en cambio, no sienten ninguna excitación mediante el uso de la fantasía.
 
-Algunos sienten atracción romántica hacia otras personas. Pueden, por ejemplo, desear abrazar, o acariciar a esa persona y pueden enamorarse, aunque en dicho enamoramiento no existirá ningún componente sexual, tan solo, y no en todos los casos, el deseo de abrazar, acariciar y estar físicamente cerca de la persona amada. En otros casos, no llegan a enamorarse, sino tan solo a sentir lo que podríamos llamar una amistad especial con alguien y no tienen interés en mantener relaciones de pareja.
 
Hay que tener en cuenta que no se considera que una persona sea asexual cuando su falta de deseo se debe a alguna enfermedad física o mental, como puede ser una depresión, que pueden dar lugar a un desinterés en el sexo mientras dura dicha enfermedad, pero que reaparece al recuperarse. La persona asexual, en cambio, ha sido así toda su vida. Tampoco se considera asexual la persona que experimenta, en un momento de su vida, falta de deseo debido a ciertos problemas, como pueden ser los problemas de pareja.
 
Dado que existe una enorme presión por parte de la sociedad para que todo el mundo sea sexual y no suele reconocerse la existencia de la asexualidad, algunas personas pueden pensar que hay algo malo en ellas o que tienen algún trastorno, bloqueo o trauma. Por este motivo, cuando una persona asexual llega a ser consciente de que la asexualidad existe y de que tiene derecho a no desear tener relaciones sexuales, puede sentirse repentinamente liberada, sobre todo al saber que existen muchas personas como ella, tanto hombres como mujeres. En un estudio* realizado en 1983, se obtuvieron unas cifras de un 10% de mujeres asexuales y un 5% de hombres asexuales.

Las personas asexuales pueden definirse como heterosexuales, homosexuales o bisexuales, según hacia qué sexo se oriente su atracción romántica.

 

 

*Nurius, Paula "Mental Health Implications of Sexual Orientation" The Journal of Sex Research 19 (2) pp. 119–136


11
Mar 2011

Cómo usar la ley de la atracción para ser más feliz

Escrito en la categoría Psicología

 chicles y sonrisas

La ley de la atracción postula que nuestros pensamientos y emociones crean nuestra propia realidad, de manera que atraemos a nuestras vidas aquello en lo que centramos nuestro pensamiento y emociones. La mayoría de las veces se hace de modo inconsciente, pero puedes empezar a usar la ley de la atracción de manera consciente para atraer cosas buenas a tu vida. Estos son los pasos que puedes seguir:

1. Haz una lista escribiendo todos tus problemas, frustraciones o cosas que te gustaría cambiar.

2. Para cada una de las situaciones descritas en esa lista, piensa en algo que sea positivo. Por ejemplo, es posible que tu trabajo no te guste y quieras cambiarlo, pero el sueldo puede ser bueno o tal vez te aporta nuevos conocimientos o incluso puede ayudarte a ser más tolerante, o, al menos, te hace ver claro lo que no quieres hacer y así te ayuda a ver con más claridad lo que de verdad deseas a nivel laboral. Es decir, siempre hay aspectos positivos y es importante que los encuentres.

3. Siéntete agradecido por lo que ya tienes y contento con las cosas buenas que hay en tu vida, así como por las cosas buenas que van a venir a tu vida en el futuro. En vez de centrarte en lo que no tienes (pensamientos de escasez traen escasez), céntrate en lo que sí tienes y en lo que tendrás en el futuro. Piensa que puedes hacer cualquier cambio que desees en tu vida, y mantén esta actitud positiva, siéntete bien y atraerás más cosas que te hagan sentir bien. Si te sientes mal atraerás más cosas que te hagas sentir mal, si piensas en lo horrible que es tu vida, atraerás más cosas que la hagan horrible.

4. Visualízate teniendo una vida mejor; la vida que deseas, en vez de centrarte en lo que no tienes. Haz una lista detallada de lo que quieres en tu vida y visualízate todos los días teniendo esas cosas y sintiéndote bien.

5. Asegúrate de que lo que haces, dices y piensas está orientado a lograr tus metas. No pienses en lo que no tienes, no actúes en función de lo que te falta, no te centres en lo terribles que son tus problemas; actúa en función de lo que vas a lograr, céntrate en ver tus problemas resueltos, confía en tu capacidad para encontrar soluciones. Sé positivo y optimista y siéntete bien en todo momento. Sonríe a menudo... Sonríe ahora mismo :o)


22
Dic 2010

Cómo elevar la autoestima

Escrito en la categoría Psicología

Cómo elevar la autoestima

 

psicologo en profundidad

Concepto e importancia de la autoestima

. Gozar de una buena autoestima es básicamente tener una sensación de llevarnos bien con nosotros mismos, de querernos, de valía personal, de confianza ante nuestra capacidad para afrontar los desafíos de la vida y de creernos también merecedores de disfrutar de las cosas buenas que ésta nos ofrece.

. La autoestima es importante porque tiene que ver con aspectos esenciales de nuestra existencia, tales como la manera en que nos relacionamos con los demás, la profesión y la pareja que escogemos y el grado de paz y armonía interior que alcanzamos.

. Así, por ejemplo, en el tema del amor, si no nos queremos a nosotros mismos, nuestra inseguridad nos hará también desconfiar de que los demás puedan querernos y, como consecuencia de ello, podremos provocar involuntariamente conflictos que terminen por dañar o romper el vínculo con lo cual, finalmente, reforzaremos nuestra creencia de no ser dignos de amor o no ser capaces de alcanzarlo. Es como el pez que se muerde la cola. Por otro lado, difícilmente vamos a poder querer a los demás si no nos queremos nosotros: de todos es sabido que no se puede dar aquello que no se tiene. A lo sumo, podremos hablar de dependencia, pero no de amor auténtico. Además, con una baja autoestima es posible que en lugar de buscar a personas apropiadas para nosotros, valorándolas por sus cualidades y el grado de compatibilidad que tengamos con ellas, tendamos simplemente a buscar personas que nos acepten, que no nos rechacen.

 

En el tema del trabajo ocurrirán cosas parecidas. Guiados por el miedo más que por la ilusión, por la inseguridad más que por la confianza, por el afán de seguridad más que por el riesgo creativo, lógicamente actuaremos por debajo de nuestras posibilidades e incluso nos sabotearemos posibles éxitos.

 

Finalmente, ¿cómo podemos alcanzar paz y equilibrio interno si nos machacamos a menudo con pensamientos negativos sobre nosotros mismos, si no nos aceptamos mínimamente, si nos llevamos “a matar” con nuestro propio yo?

 

Los pilares de la autoestima
 

Nathaniel Branden, un autor que ha publicado varios libros sobre la autoestima, considera cómo pilares básicos de la misma:

1) Vivir conscientemente. Es decir, con una actitud abierta y no defensiva que nos permita reconocer los hechos de la realidad –interna y externa- lo más objetivamente posible. Por ejemplo, algo tan simple -y tan difícil también a veces- como ser capaz de reconocer y aceptar que estoy enfadado cuando estoy enfadado o que estoy triste cuando estoy triste, sin quererlo disfrazar de otra cosa. O la capacidad de distinguir los hechos tal como se dan, la realidad “objetiva”, de mis fantasías acerca de cómo me gustaría que fueran las cosas o de cómo temo que puedan llegar a ser. O la capacidad de estar “presente” en lo que hago en cada momento: si escucho, estoy totalmente disponible para la escucha, y no en otra parte, etc.

2) La aceptación de uno mismo. Supone que elijo valorarme y tratarme con respeto, admitiendo y aceptando lo que veo en mí con benevolencia. No significa necesariamente que me guste, sólo que lo reconozco como mío. No significa tampoco que renuncie a cambiar sino más bien lo contrario ya que para cambiar, primero hay que reconocer lo que hay. Por ejemplo, no puedo adelgazar si no reconozco que tengo un problema de sobrepeso.

3) La responsabilidad hacia uno mismo. Significa estar dispuestos a asumir la responsabilidad por nuestra vida, por hallar recursos para satisfacer nuestras necesidades, en lugar de culpar a los demás o a las circunstancias, o esperar a que alguien o algo nos venga a rescatar y solucione todos nuestros problemas y carencias. Ahora bien, ser responsable tampoco implica ser responsable de "todo”, ya que siempre habrá aspectos de nuestra vida que escapen a nuestro control, y eso también tenemos que asumirlo.

4) La autoafirmación. Podríamos definirla como la capacidad de respetar nuestros deseos, necesidades y valores y buscar una forma de satisfacción o expresión de los mismos adecuada a la realidad. Lo opuesto a esto podría ser tanto reprimir nuestras necesidades legítimas para evitar el conflicto o para complacer, como una actitud excesivamente beligerante o agresiva, irrespetuosa con los derechos de los demás.

5) Vivir con propósito. Implica tomar las riendas de nuestra vida y procurar vivirla de acuerdo a unos valores y objetivos que hemos elegido libremente y de forma consciente, en lugar de dejarnos llevar pasivamente por las circunstancias del azar o delegar la responsabilidad de nuestra existencia en personas, instituciones o valores ajenos a nosotros, sea por comodidad o por miedo. Implica asimismo ser capaces de fijarnos metas concretas y realistas, y de cultivar la autodisciplina necesaria para llevarlas a término sabiendo que, a veces, tendremos que posponer la gratificación inmediata de algunos deseos en beneficio de otros proyectos o metas a más largo plazo.

. Olga Castanyer, después de considerar la autoestima, como “el conjunto de pensamientos, sentimientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser valorada y querida por sí misma, sin necesidad de depender del exterior para ello”, nos avisa de que podemos apoyarla en factores erróneos como son: a) La dependencia de los demás: si sólo nos sentimos bien cuando los demás nos valoran, o b) La necesidad de presentar méritos: si sólo nos sentimos bien cuando creemos que somos buenos padres, buenos hijos, buenos amigos, buenos profesionales, etc.

 

 

Cosas que podemos hacer para elevar nuestra autoestima

. Entre la autoestima y nuestros actos existe una causalidad recíproca. Es decir, ambos se influyen mutuamente. Así, por ejemplo, si bien es cierto que si me quiero más a mí mismo posiblemente seré capaz de tener mejores relaciones con los demás, no es menos cierto que si soy capaz de hacer determinadas cosas con éxito, por ejemplo fijarme metas y cumplirlas, eso también aumentará mi autoestima.

. He aquí, pues, algunas cosas que podemos hacer para elevar nuestra autoestima:

- Evitar lastimarnos a nosotros mismos. Aprender a tratarnos con respeto y comprensión, a hablarnos en términos positivos en lugar de “machacarnos” con pensamientos derrotistas o juicios excesivamente críticos y despiadados, y a dejar de lado hábitos y conductas destructivas. Para ello podemos utilizar, entre otras, las técnicas del pensamiento positivo o la planificación de objetivos  o buscar ayuda terapéutica, en caso necesario.

- Aprender a decir “no”, a no dejarnos manipular por chantajes afectivos, etc. A menos que algo esté dentro del ámbito de nuestras responsabilidades, no tenemos obligación de realizarlo. Y menos bajo coacción o amenaza. Como contrapartida, debemos estar dispuestos a aceptar que los demás puedan negarse a satisfacer algunas de nuestras demandas.

- Considerar nuestras necesidades de supervivencia y bienestar físico y emocional como prioritarias. Las actitudes de “mártir” o de “víctima sacrificada por el bienestar de los demás” terminan pasándonos o pasándoles a los otros, tarde o temprano, una elevada factura que se puede traducir en enfermedades físicas o psíquicas, baja autoestima, rencores y resentimientos soterrados susceptibles de explotar en cualquier momento, etc. Sólo a partir de la satisfacción de nuestras necesidades básicas, podremos atender adecuadamente a las de los demás.

 

Entre nuestras necesidades de bienestar emocional estarían el derecho a ser tratados con dignidad y respeto, a decidir lo que es mejor para nosotros, a expresar nuestros propios sentimientos y opiniones, a pedir –no a exigir- lo que queremos y necesitamos, a ser escuchados y tomados en serio y a proteger nuestra salud física y mental, aún cuando esto último a veces requiera comportamiento agresivo o inseguro o pueda molestar a los demás.

 

 

- Convencernos de que no necesitamos hacer nada especial para considerarnos seres humanos valiosos. Somos valiosos, y dignos de amor y respeto, por el mero hecho de existir y no necesitamos hacer nada especial para merecerlo, más allá de asumir unas reglas mínimas de convivencia y de respeto mutuo. En otras palabras, no somos lo que hacemos -y mucho menos lo que tenemos- y cometer errores no nos convierte tampoco automáticamente en personas malas o indignas.

- Arriesgarnos para conseguir aquello que queremos, actuar en lugar de solamente “soñar” con hacer cosas, comprometernos con aquello que realmente nos importa, decidir acerca de las cosas importantes en nuestra vida, ser actores en lugar de meros espectadores y no abandonar a la primera dificultad. Y pensar si estamos viviendo realmente nuestra propia vida, o bien estamos viviendo la que otros nos han asignado.

- Asumir plena responsabilidad por lo que sucede en nuestra vida y, de la misma manera, no asumir responsabilidades ajenas. Ello implica, por un lado, evitar actitudes culpabilizadoras o derrotistas, poniendo nuestra energía en lo que nosotros podemos hacer para mejorar las cosas y no en meditar acerca de la mala suerte que tenemos, en cómo “debería” ser la vida o en lo que los demás “deberían” cambiar. Y, por otro lado, implica no dejarnos chantajear por sentimientos o reacciones de otras personas con actitud victimista o manipuladora ni crearnos obligaciones que atenten contra nuestro bienestar y derechos humanos básicos.

- Tomar nuestras propias decisiones en lo referente a nuestra vida. Tenemos derecho a ser protagonistas de nuestra vida, lo cual implica tener el coraje de decidir por nosotros mismos y responsabilizarnos de hacia donde queremos ir. Podemos escuchar a todos, pero en última instancia la decisión final de lo que hacemos con nuestras vidas nos corresponde a nosotros.
 

- Aceptar como lícitos y naturales todos nuestros pensamientos, sea cual sea su naturaleza, teniendo presente que hay una enorme diferencia entre pensar algo y hacerlo. Yo puedo sentir rabia, o deseos de agredir a alguien, o puedo tener fantasías sexuales que me avergüencen, etc. pero por el sólo hecho de pensarlo no me convierto automáticamente en una mala persona ni soy culpable de nada. Es más bien la represión o la negación de aquello que pensamos o sentimos lo que suele causar problemas al provocar una escisión dentro de nosotros mismos.

 

- Buscar el lado positivo de las cosas. Cuando las cosas no salen como yo quisiera, puedo amargarme pensando en la mala suerte que he tenido o puedo buscar el lado positivo de la situación o la forma de solucionar el problema. Puedo pasar del “¿Por qué me ha de pasar esto a mí?” a “¿Qué puedo hacer para...?”.

- En momentos difíciles de nuestras vidas, procurar mantener nuestras rutinas, aún cuando nos parezcan carentes de sentido. Es decir, seguir haciendo lo que solíamos hacer habitualmente –por ejemplo: acudir al trabajo, llamar a los amigos, practicar un deporte, etc.- en la medida de lo posible. Ello nos dará una sensación de estabilidad que nos ayudará a recuperar la paz interior.

- Cuidar nuestra salud con una dieta equilibrada, ejercicio regular, etc.

- Reservarnos cada un día un tiempo para nosotros, un espacio para hacer cosas que nos gusten hacer, para descansar y reflexionar, para recuperar nuestras energías y nuestras ganas de vivir.

- No preocuparnos excesivamente por la impresión que causaremos en los demás y aceptarnos tal como somos, con nuestra personalidad única y singular, en lugar de esforzarnos por ser iguales y seguir al rebaño. Nuestra diferencia es también riqueza y, si en lugar de escondernos de ella, tenemos el valor de aceptarla y expresarla, mejorará nuestra autoestima y la calidad de nuestras relaciones con los demás.

- Mejorar nuestra capacidad para resolver problemas y, al mismo tiempo, ser capaces de buscar ayuda cuando la necesitemos.

- Ser flexibles con nosotros mismos. Fijarnos grados de exigencia realistas en lugar de pretender hacer las cosas perfectas. Ser indulgentes con nosotros mismos cuando nos equivocamos, aprendiendo de nuestros errores en lugar de culpabilizarnos.

- Aprender a comunicarnos de forma eficaz, con capacidad para expresar nuestros deseos y necesidades de forma asertiva y no violenta, de defender nuestros propios derechos sin dejarnos manipular ni manipular a los demás.
 

- Procurar orientar nuestra vida hacia el “ser” más que hacia el “tener”. Dar prioridad a los valores humanos más auténticos, al propio crecimiento personal y a la calidad de vida y de las relaciones que mantenemos con los demás antes que a la posesión de objetos, estatus social o riqueza material. Más allá de un mínimo necesario para vivir con dignidad, lo que importa realmente no es lo que tenemos sino lo que somos y cómo nos sentimos, en lo más profundo de nuestro ser, con la vida que estamos viviendo.